jueves, 20 de marzo de 2008

Una visita inesperada




Una vivencia que me sobrecogió especialmente fue la visita de una tía mía el día que nació mi segundo hijo. Nada extraño ¿verdad? Si no fuera por que mi tía había muerto unas horas antes.

Mi tía era una mujer joven que enfermó de un cáncer en la época en que yo quedé embarazada. Murió el mismo día en que nació mi hijo, al amanecer, yo parí al anochecer y no sabía nada aún.

Creo que mi sensibilidad hacia las cosas que están en otro plano estaba especialmente abierta, dado que parí en mi casa, sin drogas ni medicamentos que me nublaran el alma. Para parir hay que dejarse llevar por la parte más animal de nuestro cerebro, hay que dejar la racionalidad a un lado y zambullirse en nuestra esencia primal.

Si lo logras, si permites que tu cuerpo se libere de la parte racional, tu mente entra en un plano diferente, donde existe el dolor y el miedo, pero no piensas en ello, solo te dejas llevar y literalmente, te abres en dos para permitir que tu hijo salga de tus entrañas.

Ese estado se mantiene durante algún tiempo, al menos en parte y te abre claramente a sensaciones y mundos paralelos.

Esto fue lo que creo que me sucedió, cuando al amanecer del día siguiente, cuando dormitaba junto a mi recién nacido, que aún olía a VIDA, sentí que alguien me llamaba y tiraba de mi, abrí los ojos y allí estaba mi tía, llamándome y diciendo algo que no logro recordar con claridad, entre otras cosas por que no eran palabras, sino un leguaje universal, el que todos los seres vivos conocen y que los seres humanos olvidamos cuando empezamos a hablar.

Sé que me dijo algo de mi hijo, algo sobre algún tipo de conexión entre ambos y siento que es algo bueno, pero no sé explicarlo.

Tal vez tiene que ver con algo como la vez que cuando tenía mi hijo cerca de 2 años, cayó por un puente que se rompió (una de las maderas del borde cedió cuando él se asomaba). El río estaba seco, apenas corría un hilo de agua, y el suelo, a unos 3 metros del puente, estaba cubierto de piedras cortantes. Su padre y yo lo vimos desde lejos y ambos corrimos aterrorizados pensando en como íbamos a encontrar al niño que oíamos llorar. Increíblemente el niño aterrizó de pié, con los pies en el único trocito de suelo donde no había piedras sino barro, y no se hizo un solo rasguño, ni siquiera se manchó más que las zapatillas. Cuando le pregunté me dijo: “Una señora me cogió”.


Estrella de la Tarde

lunes, 17 de marzo de 2008

Un historia curiosa


Voy a empezar por contar un historia que me sucedió hace muchos años, una historia muy curiosa y bonita que me sucedió cuando era niña. Voy a tratar de ser lo más clara posible, por que hace cerca de 30 años de esto y algunos detalles se me escapan.

Yo tenía unos 7-8 años, vivía en un pequeña ciudad de provincia y cada día iba sola al colegio que estaba bastante lejos de mi casa. En cierta ocasión, se me acercó una niña que parecía conocerme del colegio, me llamaba por mi nombre y me acompañó hasta la clase. A mi me extrañaba un poco por que no me sonaba nada del colegio y nunca la vi en el recreo, desde luego no era de mi clase, pero sabía mi nombre y cual era mi clase. Esto se sucedió algunos días (no recuerdo cuantos pero no fueron muchos, 3 ó 4 tal vez), en seguida nos hicimos amigas con es facilidad con la que se hacen amistades en la infancia, y recuerdo haber pasado a buscarla al interior de un bar que estaba de camino al colegio, muy cerca de mi casa. Yo entraba y ella salía sonriendo de detrás de la barra y nos encaminábamos juntas al colegio, me acompañaba hasta la puerta de mi clase y se marchaba.

Pocos días después de iniciar esta nueva amistad, al poco de iniciar el camino hacia el colegio juntas, me dijo que debía volver a casa. Yo no quería y ella insistió varias veces, al final me dijo que tenía que volver porque me dolía mucho la tripa. En ese momento empezó un fuerte dolor. Yo no sabía que hacer, me preocupaba que la maestra se enfadara, pero ella me dijo que no me preocupara, que iría a mi clase y le diría a mi maestra que me había puesto enferma.

Regresé a casa, mi abuela (con quien vivía entonces) se sorprendió por que yo era muy responsable, así que no dudó en que realmente me dolía la tripa y me dejó en casa. El dolor desapareció muy pronto, pero ese día ya no fui al colegio.

Al día siguiente, entré en el bar a buscar a mi amiga, pero no la vi, pregunté al señor del bar, pero me dijo que no conocía a ninguna niña, extrañada, me fui sola al colegio.

Cuando llegué, le pregunté a la maestra si había venido mi amiga a contarle que me había encontrado mal, pero la maestra no sabía nada. Nadie conocía a la niña de la que no recuerdo el nombre. Nunca volví a verla. No recuerdo a quien se lo conté, si a mi abuela o a mi madre, pero me dijeron que me habría equivocado y no pude volver a hablar del asunto. Lo olvidé y hace unos años, no recuerdo el motivo, volví a acordarme claramente.

Ahora me doy cuenta de cosas que entonces no me habían sorprendido, yo era una niña bastante confiada. Pero por ej. nadie se despedía de ella cuando salíamos del bar, nunca iba a su fila antes de entrar, me acompañaba hasta la puerta de la clase aunque no era de mi clase y nunca la vi en el recreo. Sabía muchas cosas de mi, mi nombre, donde vivía... a pesar de que yo no recordaba haberla visto nunca antes ni volví a verla después.

No se quien era y el día que falté al colegio, no pasó nada fuera de lo normal en el colegio, pero recuerdo que insistió mucho en que tenía que volver a casa y que no me convenció hasta que empezó a dolerme el estómago y me prometió que hablaría con mi maestra. Pero había un largo camino hasta el colegio y varias calles que cruzar, quien sabe si aquel día hubiera ido al colegio, tal vez me hubiera pasado algo, tal vez era un ente protector, alguien que cuidaba de mi, no lo sé, pero creo que es una bonita historia que me sucedió.


Estrella de la Tarde




Presentación

Hola:

Bueno, pues aquí estoy. Anoche se me ocurrió que podía ser esta una bonita forma de compartir algunas cosas maravillosas, extrañanas e increíbles que me han ocurrido en mi vida de una forma "anónima", por que claro, estas cosas no se pueden contar sin que te miren con cara de: "¡Esta tía está zumbada!" o "¿De que va? ¿Nos está tomando el pelo o es que quiere llamar la atención?" o peor. "¡Ah, que increíble!¡Tu eres especial, tienes que desarrollar esos poderes, tienes que aceptar lo que eres!"

Pues creo que zumbada no estoy, sinceramente, soy una persona bastante equilibrada en general, claro, tengo mis neuras como todo el mundo. No es mi intención tomar el pelo a nadie y respecto a llamar la atención..., pues francamente, soy bastante tímida y hay pocas cosas que me hagan sentir peor que llamar la atención. Así que tampoco me gusta que me vean como un ser evolucionado o con poderes especiales o un "maestro" a quien seguir. Hace bastante tiempo que me acepté tal y como soy, una persona normal con cierta "sensibilidad" que a veces me hace ver o sentir cosas que otras personas no sienten o ven pero que en la mayoría de las ocasiones no soy consciente y me entero a posteriori y aunque a veces me gustaría desarrollar más ciertas facultades, otras me da verdadero terror esa posibilidad.

Así que la idea es ir contando cosas que me han pasado. No para nada en particular, ni para nadie en especial, simplemente es una forma de compartirlas. Seguro que habrá a quien le guste leerlas, y a quien le parezca una estupidez como cualquier otra. Bueno, al que le guste pues bien, me alegro de darte un rato de agradable distracción y al que no, pues no sé que haces leyendo, seguro que hay cosas por ahí que te gusten más, disfrútalas.

Estrella de la Tarde